Publicado en el Ciclo P+D
Si hubiera que hacer una lista de los clubes más olvidados de los últimos años en el fútbol español y mundial, el Real Oviedo sin dudas sería uno de los candidatos a encabezarla. Se trata de un equipo que actualmente milita en la tercera categoría del fútbol español, la Segunda División B, a pesar de que en su pasado hubo vestigios de grandeza. Si bien nunca ganó ningún título, sus primeros treinta años de vida hacían presagiar algo completamente distinto a lo que en realidad le deparó la historia.
Surgido en 1926 de la fusión de los dos clásicos rivales de la ciudad, el Real Club Overtense y el Real Club Deportivo Oviedo, este club ha disputado nada menos que 38 temporadas en Primera División siendo 15 de ellas en los primeros 20 años de La Liga. En su primer período en el máximo torneo español, tan solo siete años después de su creación, el equipo innegablemente dejó una huella importante.
Al anunciarse la creación de La Liga, nueve de los diez lugares disponibles fueron entregados a los ganadores y finalistas de la Copa del Rey, siendo el último destinado al ganador de un torneo entre los campeones regionales. Como tal, el Oviedo participó. Sin embargo, una derrota ante el Betis en la segunda ronda, lo condenó a arrancar su periplo en Segunda División.
La irrupción de juveniles de la cantera del club formó la mítica primera “Delantera Eléctrica”, como se denomino a los ataques del Oviedo durante esa década por su gran precisión y velocidad en los pases, y por su orden táctico. Este ataque estuvo conformado por Julio González “Casuco”, Gonzalo Díaz “Galé”, Inciarte, Gallart e Isidro Lángara, quien años más tarde, durante el gobierno de Franco, se exiliaría en Argentina y se convertiría en un histórico de San Lorenzo.
Luego de hacerse con el título de segunda en 1933 y lograr el consecuente ascenso, el club debió hacer sus primeras armas en la elite del fútbol español. Para la temporada debut el equipo se preparó con grandes esperanzas, reemplazando a Inciarte y a Galé con dos de las que serían luego unas de máximas figuras de su historia: Emilio García Martínez “Emilín” y Eduardo Herrera Bueno “Herrerita”. Así, el club formó su segunda “Delantera Eléctrica”, quizás la más importante.
En las tres temporadas que estos futbolistas disputaron juntos, el Oviedo logró marcar 174 goles en 62 partidos, con un promedio de 2,8 goles por partido, siendo el equipo más goleador en la temporada 1935/36 con 63 goles. Además, Lángara fue el Pichichi del torneo tres temporadas consecutivas, y en ese período el equipo obtuvo el tercer puesto de la Liga en las temporadas 1934/35 y 1935/36 y las semifinales de la Copa del Rey 1933/34.
Sin embargo, todo tiene un final, y el 12 de enero de 1936 la segunda Delantera Eléctrica se vio por última vez sobre el terreno de juego. El estallido de la Guerra Civil truncó el devenir de este equipo, llamado a escribir una de las páginas más gloriosas del fútbol español, y los efectos fueron devastadores. Casuco falleció durante la guerra, mientras que el entrenador y varios de sus jugadores, con Lángara a la cabeza, debieron irse al exilio.
Por su parte, el estadio fue utilizado como resistencia, y en él se cavaron trincheras y se impostaron grandes ametralladoras. Todo esto, más una serie de bombardeos, lo dejaron en un estado de ruina total. Así, el equipo no estuvo listo para la primera temporada luego de la guerra en 1939, y debió pedir un permiso a la RFEF para ausentarse hasta el año siguiente.
Ya al año siguiente Herrerita firmó en blanco por el club, para dar el ejemplo al resto de los jugadores, y a pesar de jugar con un equipo emparchado con futbolistas que solo habían jugado en la categoría regional, el equipo logró mantener la categoría en las dos temporadas siguientes, llegando a disputar en la 1941/42 la promoción frente al Sabadell.
Con la emersión de Antonio Sánchez Valdez “Antón”, Goyín y Echevarría, sumados a Herrerita y Emilín, el equipo disfrutó de su tercera y última “Delantera Eléctrica”. En ella, también tuvo una importante participación Lángara, luego de volver de su exilio. En esta etapa, el equipo logró dos cuartos puestos y un quinto entre 1943 y 1946, manteniéndose en la primera ubicación durante las primeras doce fechas en la 44/45, y durante las primeras dieciséis en la temporada siguiente.
El final de esta década marcaría también el final de los grandes años del club. El declive de sus jugadores clave fue un hecho que el Oviedo jamás logró superar. Emilín dejó el club para retirarse en el Sporting Gijon, Lángara se retiró ese mismo torneo y Herrerita sufrió una grave lesión que prácticamente lo alejó del fútbol. En el medio, ningún jugador joven apareció para renovar las esperanzas, ni ningún fichaje rindió en el nivel que se esperaba.
El desenlace no pudo ser otro que el descenso. En una temporada 1949/50 en la que no había descensos directos, sino solo una promoción ya que se ampliaba el número de participantes en Primera División, Oviedo se las ingenió para ser ese único equipo en disputar su lugar al salir en última posición. El 2 de julio de 1950 marcó el descenso frente al Murcia, pero también marcó el final de una época, el final de un recorrido en la élite cuyos resultados jamás serían igualados.
Ascensos y descensos, y muchas más frustraciones que alegrías. Eso fue lo único que trajeron los años venideros. Momentos de oasis como los de la temporada 1962/63 donde se obtuvo el tercer puesto, o la temporada 1990/91 donde se obtuvo la clasificación a la Copa UEFA por primera y única vez, solo estuvieron seguidos de decepciones. El descenso en la 1964/65 luego de desmantelar el plantel, y las seis temporadas consecutivas peleando en el fondo de la tabla antes de consumar el descenso en la 2000/01 son la muestra de ello.
Sin embargo faltaba mucho para tocar fondo. En el torneo 2002/03 el equipo realizó una campaña desastrosa, descendiendo a Segunda División B, pero incluso eso no sería lo peor. El club ni siquiera llegó a disputar ese torneo, ya que varios de sus jugadores lo denunciaron por falta de pago, lo que implicó otro descenso más pero en los escritorios, para bajar por primera vez a la cuarta categoría del fútbol español. Nuevamente, campañas irregulares se sucedieron, con ascensos y descensos, y quiebras y refundaciones, para llegar a la situación actual. Un club con un pasado de gloria, infinitamente menos lejano de lo que ahora parece, disputando la modesta Segunda División B sin hacer honor a sus figuras de la época dorada.


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