La imagen, el recuerdo. Eso no se borra. No hay litigio judicial, ni paso del tiempo que pueda con ello. Esas historias, esos recuerdos transmitidos de boca en boca por los fervientes fanáticos que se pasan la posta. Generación tras generación, cobran así su carácter de mito: “1 y 57 mi único techo”.
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