sábado, 29 de agosto de 2015

1 y 57, el sueño de Estudiantes está acá

La imagen, el recuerdo. Eso no se borra. No hay litigio judicial, ni paso del tiempo que pueda con ello. Esas historias, esos recuerdos transmitidos de boca en boca por los fervientes fanáticos que se pasan la posta. Generación tras generación, cobran así su carácter de mito: “1 y 57 mi único techo”.

Publicado en Cielosports.com

 

La raigambre es más fuerte que cualquier destierro, en un Estadio que desde principios de siglo tuvo un único inconveniente, común a los dos clubes de la ciudad: las tierras nunca fueron propias. Ya en los 90’ ambos comenzaron a marchar por la cesión definitiva de las tierras municipales donde estaban sus canchas.

Con la idea en boga de la construcción de un Estadio que una a dos equipos, y a pesar de las voces de los hinchas, la propuesta unificadora prosperó y con ella la adquisición de las tierras se volvió casi imposible. Luego de varias disputas encarnizadas y marchas estériles, Estudiantes comenzó a edificar la primera tribuna de cemento por detrás de la antigua, todavía en pie.

Eso fue en el año 2002, durante la presidencia de Julio Alegre y luego de que la firma Astori colocara los cimientos. Sin embargo las obras fueron rápidamente detenidas. La Suprema Corte de Justicia bonaerense no tardó en expedirse, y así inició un litigio entre las autoridades del club y el ejecutivo municipal al mando de Julio Alak que se prolongaría hasta el 2006.

Durante mucho tiempo el Pincha jugó con una tribuna asomándose detrás de los tablones de madera, hasta que el 28 de agosto de 2005 Estudiantes festejó el clásico 138 pero también padeció, sin saberlo, el cierre definitivo de su cancha.  Ese torneo lo finalizó en cancha de Gimnasia, y luego jugó en Quilmes y en el Ciudad de La Plata, e incluso una vez en Avellaneda.

Varios fueron los protagonistas de la década, pero sin dudas las ONGs ambientalistas con Hoja de Tilo a la cabeza fueron de los más preponderantes, con una larga pelea que detuvo el proyecto varias veces. El esquema original propuesto desde la Municipalidad contemplaba tablones de cemento y estructuras de hierro, pero varios fueron los cambios en el camino.

Finalmente en enero de 2007 (luego de la consagración en el Apertura 2006) la dirigencia decidió demoler el viejo estadio. Primero se derribaron las tribunas y por último la platea techada de 115. Para ese entonces sólo estaba edificada la parte inferior de la tribuna de 55.

Los meses pasaron, a medida que la incertidumbre del hincha crecía, llegó el momento de culminar la primera obra: a fines del 2008 la Tribuna que asomaba por detrás de la vieja estructura paso a ser real y quedar como única estructura por mucho tiempo.

Algunos meses antes de esa inauguración, que dejó la gestión de Eduardo Abadie, llegó la habilitación municipal (8 de agosto), tras la salida de Julio Alak y el arribo de Pablo Bruera al poder municipal.

La pata política fue importante para resolver una lucha que fue a la par de la construcción, la cesión de las tierras del predio del Bosque. El 24 de junio de 2009, fue una fecha bien recibida por el pueblo Pincharrata, aunque la obra no avanzaba. Recién en el verano siguiente se empezó a construir la Platea de 115, sorteando algunos nuevos conflictos judiciales.

Luego de la ida de Rubén Filipas del gobierno, etapa en la cual se priorizó lo deportivo y donde estuvieron los mayores embates de las ONG´S, llegó Enrique Lombardi a la presidencia, el arquitecto del estadio y uno de los que comenzó con la obra.

Durante la gestión de Quique se construyeron la Tribuna de 57 y los palcos de 1. Ese fue el momento de mayor inversión, aunque la institución fue el que más sintió ya que se utilizaron recursos ordinarios y no extraordinarios como dijeron los dirigentes.

 Los años pasaron, las promesas dirigenciales fueron el peor búmeran para aquellos que prometieron, en reiteradas oportunidades, distintas fechas de inauguración y de regreso. Así llegó el 2015, año en el cual se cumplen diez años de destierro y desarraigo.

 Con Verón en la presidencia se modificó el proyecto y se frenó la ambición. Si bien las ideas son superadoras los tiempos son diferentes al impulso que sustentó los últimos meses del anterior gobierno. Sin dinero y con una institución en delicado estado financiero, la actual CD buscó socios y sponsor y hoy espera la firma de diferentes acuerdos para explotar diferentes áreas del predio y así poder avanzar en una obra que aún necesita 140 millones de pesos.

A diez años de ese último partido en 1y55 el estadio espera nuevas obras, entre ellos los accesos y los bajo tribuna, además de las esquinas. La historia fue demasiado cruel para el Pincha en una obra tan cara en los sentimientos de los hinchas y en la economía de una institución que vivió sus mejores años pero que pudo avanzar a cuenta gotas en su construcción.




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