domingo, 11 de agosto de 2013

Ícono, personaje y piloto

Publicado en el Ciclo P+D

 

En el automovilismo el nombre de Kimi Raikkonen es sin dudas símbolo de una frialdad inigualable, pero a la vez de una rebeldía fuera de lo común. Su carácter descontracturado le hace honor a su ídolo James Hunt, y representa la permanencia de una forma de vivir el deporte que se contradice con el profesionalismo extremo en el que se vive en la actualidad. Este carismático finlandés cuenta con una carrera muy particular que lo respalda, y si bien su trayectoria es por demás conocida, su rápido ascenso no fue menos singular.

Desde chico sus cualidades impresionaron a los que lo rodearon, de la misma manera que su peculiar forma de ser. El idilio de “Iceman” con los vehículos comenzó a temprana edad, y desde el año 1987, a la edad de 8 años, comenzó a competir en su Espoo natal en distintas categorías de karting. Sin embargo, su ascenso a los monoplazas no se dio con la misma velocidad, y si bien en el mundo del kart dejó sobradas muestras de su potencial, fue recién en 1999 cuando le llegó su primera chance arriba de un auto de fórmula.

En esa temporada, a poco de cumplir los 20 años, Raikkonen comenzó a participar en la Fórmula Súper A Europea, y luego de sumar buenas actuaciones, se hizo un lugar en la Fórmula Ford Europea. No obstante, su mayor logro en ese primer año no se dio en ninguna de esas dos categorías, sino que tuvo lugar en la Fórmula Renault Británica, en la que dejó una imagen sorprendente quedándose con 4 triunfos que lo catapultaron como campeón de invierno.

Con una agresividad diametralmente opuesta a la timidez que desparramaba por el paddock, el rubio finlandés no se quedó en promesa. Su ascenso fue, por el contrario, una amenaza a los patrones lógicos en la evolución de un piloto, y el año 2000 lo vio arrasando en la Fórmula Renault Británica en su segunda temporada, venciendo en 7 de 10 pruebas. Además, 2 triunfos en sendas presentaciones de la Fórmula Renault Eurocup, contribuyeron para que en septiembre de ese año Peter Sauber le diera, finalmente, la chance de subirse nada menos que a un Fórmula 1.

Con tan solo 21 años y nada más que 23 carreras en monopolazas, de las cuales venció en 13, Raikkonen se ganó una chance única. Y no la desaprovechó. En su debut en Mugello sorprendió al equipo, y se ganó una nueva oportunidad de sumar minutos al mando del Sauber, algo que hizo el mes siguiente en Jerez de la Frontera y Barcelona. Una vez más, sus resultados dejaron una gran impresión, al punto de que a pesar de su casi nula experiencia y de las críticas de Max Mosley, presidente de la FIA en ese momento, el equipo suizo le tramitó la superlicencia y lo incluyó entre sus pilotos para el 2001.

Cuentan las malas lenguas que el 4 de marzo de 2001, fecha que marcó su debut en la “Máxima”, el finlandés decidió recluirse en su box para distenderse y, lejos de mostrar signos de nerviosismo, se quedó dormido. Los miembros del equipo, desesperados, lo buscaron por todos lados sin encontrarlo, y una vez que lo hicieron, a falta de solo media hora para el inicio de la carrera, seguía dormido sin el más mínimo reparo. Irónicamente, en la pista volvería a mostrar unas cualidades antagónicas, y debutaría con un sexto puesto sumando su primer punto. Así es Kimi Raikkonen, todo un personaje.


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