sábado, 10 de agosto de 2013

Cuando el fútbol no es lo más importante

La organización del Campeonato del Mundo Brasil 2014 provocó el debate, como suele ocurrir cada cuatro años: ¿Gasto público o inversión? Esta vez varias manifestaciones en las calles, con voces de figuras reconocidas, se mostraron en contra del evento durante la Copa Confederaciones.

Publicado en Revista Al Trote N°10

 

El costo de organizar una Copa del Mundo es algo que parece trascender las fronteras de la coherencia. La disputa del próximo Mundial ha obligado a Brasil a incurrir en un gasto enorme, y eso ha llevado a que a menos de un año para la cita no sean pocas las voces que se alcen en contra de la misma. Las protestas que se llevaron a cabo luego de la Copa Confederaciones, prueba piloto para el evento mayor del año entrante, son un claro indicio de que algo no va del todo bien, y evidencian otras prioridades.

El pasado mes de junio trajo consigo un hecho inédito para la FIFA, ya que fue la primera ocasión en la que una gran porción del país anfitrión del Mundial se manifestó en contra del mismo. Las protestas se propagaron como el fuego, con las redes sociales cobrando un rol fundamental en la convocatoria, y tras iniciarse en San Pablo pasaron a Río de Janeiro, Brasilia y Belo Horizonte, entre tantas otras ciudades. El detonante inicial, que fue la suba de las tarifas de los transportes públicos sin una mejora en la calidad del servicio, pronto se vio superado y diversificado.

Miles de brasileños salieron a las calles, y reclamaron por una gran variedad de cuestiones que fueron desde la corrupción hasta el pobre estado del transporte y la salud pública. La enorme erogación de fondos para la organización del próximo Mundial y de los siguientes Juegos Olímpicos fue el hilo conductor de los reclamos. El contexto en el que se efectuaron las protestas, mientras tanto, dista mucho de ser ideal, ya que el momento económico que atraviesa Brasil es bastante crítico.

El déficit de cuenta corriente se ha incrementado drásticamente del año pasado a esta parte, y el saldo negativo al mes de julio es casi 3 mil millones de dólares mayor respecto al mismo período del año anterior, según el reporte del Banco Central de Brasil. Además, la inflación no quiere ceder, y en junio llegó a niveles del 6,7% anual, mientras que el crecimiento económico experimentado en el primer trimestre solo fue del 0,6%, aunque se prevé una mejora para el segundo, cuyos números aún no han sido divulgados.

Por su parte, en este marco, el gasto en el Mundial del año entrante no ha hecho más que incrementarse. Hasta febrero se calculó que el costo necesario para las obras era de 12.300 millones de dólares, pero ahora, según la previsión del mes de julio, el mismo asciende a 13.000 millones. No obstante, estas cifras son las que se manejan actualmente, y no hay que descartar que puedan incrementarse más antes del inicio del evento, ya que aún queda mucho camino para que todo esté listo.

Sobre las inversiones en los estadios, Luis Fernandes, secretario ejecutivo del Ministerio de Deporte de Brasil, señaló que "todas las sedes son centros turísticos que se beneficiarán de las mejoras en infraestructuras, movilidad urbana y telecomunicaciones". Sin embargo, las dudas en torno a la utilidad que tendrán varios de los estadios luego de la Copa es un tema que ha generado mucha polémica. Más aún si se tiene en cuenta que cinco de ellos se encuentran en ciudades en las que no hay equipos de Primera División, como son Brasilia, Cuiabá, Fortaleza, Manaus y Natal.

Mientras tanto, varias voces se han alzado durante y después de las manifestaciones, y entre ellas estuvieron las de los integrantes de la Selección local. “Sabemos que las protestas son justas y que el país puede mejorar en muchas cosas”, señaló Hulk, quien junto a David Luiz y Neymar fueron los que más expresaron su apoyo. Ex futbolistas como Bebeto y Rivaldo también aportaron, siendo este último el más tajante al señalar que “es una vergüenza estar gastando tanto dinero para este Mundial y dejar hospitales y escuelas en condiciones precarias”.

En cuanto a la FIFA las palabras fueron las justas y necesarias, y no hubo grandes declaraciones. Sin lugar a dudas, el que más se ha pronunciado al respecto fue Jerome Valcke, secretario general, quien salió al cruce de los rumores sobre posibles alternativas en caso de que Brasil finalmente no pueda albergar el evento. “No hay plan B, la Copa del Mundo se disputará en 12 ciudades de Brasil como está estipulado”, señaló frente a las versiones que situaban a Estados Unidos, Alemania, Inglaterra y Japón en carrera por la sucesión.

Pero eso no fue todo lo que dijo Valcke, sino que también develó la que ha sido la única medida a futuro que ha tomado la FIFA, disminuyendo los precios de las entradas en un 70% en orden de lograr contentar de alguna manera a la enardecida población brasileña. “Tendremos zonas habilitadas con pantallas gigantes en distintas ubicaciones, quizás en las favelas y otros lugares en los que la gente no tenga acceso a los estadios. Queremos darles la oportunidad de ver el Mundial y de formar parte de él”, agregó, con un convencimiento que difícilmente haya logrado transmitir. 


LO QUE DICE LA HISTORIA

Con antecedentes poco favorables en la previa de las últimas dos ediciones, el Mundial de Brasil se encuentra en la etapa final de su preparación, en la cual tanto Alemania como Sudáfrica debieron sufrir varios interrogantes. Si bien las dificultades del país sudamericano son distintas desde su concepción, ya que surgen de las manifestaciones masivas de su propio pueblo, los dos organizadores previos también debieron atravesar un período de dudas.

De los dos anfitriones anteriores Sudáfrica fue el que se llevó todas las miradas en cuanto a los problemas organizativos, ya que contó con una gran variedad de inconvenientes. Desde la inseguridad que vivieron miembros de las diferentes delegaciones hasta el paupérrimo transporte público, la primera cita en el continente africano dejó varias cosas por mejorar. Sin embargo, el tema de los estadios fue al menos en la previa una problemática común en ambos eventos, y la Copa Confederaciones de 2005 sirvió, así como la de 2009, para desnudar algunos inconvenientes que a la postre fueron solucionados.

Ahora bien, en el caso actual la situación parece ir más allá de cuestiones de administración e infraestructura, y las manifestaciones así lo demuestran. Este no es un dato menor, y si bien todo hace indicar que la sede no corre peligro, existen voces que opinan lo contrario. Como si toda esta situación no bastara, el diario local Estado de Sao Paulo señaló que el gobierno local pretende modificar la “Ley General del Mundial” en lo que refiere a que sólo los patrocinadores de la FIFA puedan verse dentro del estadio, algo que ni siquiera es una opción para el organismo.

A poco menos de un año para la realización del Mundial, el cambio de sede parece una utopía. La única ocasión en la que un hecho como tal se produjo fue en 1986, cuando Colombia debió dejarle su lugar a México debido a una serie de condiciones que nunca estuvo en posición de llegar a cumplir. Sin embargo aquella vez todo se dio con cuatro años de anticipación, y lo que es más importante aún, la FIFA no quería realmente que el evento tuviera lugar en el país cafetero, motivo por el cual le impuso unos requisitos inéditamente estrictos. Hoy, en cambio, Brasil sigue contando con su beneplácito, y con tan poco tiempo de espera, no parece haber manifestación posible que sirva para torcer su destino.


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