viernes, 14 de junio de 2013

Marcelo Bravo, el crack que no pudo ser

Publicado en el Ciclo P+D

 

En las últimas décadas pocos clubes fueron tan exitosos en el fútbol argentino como lo fue Vélez Sarsfield. Cuna de grandes jugadores, tanto en el pasado como en la actualidad, el club de Liniers ha forjado infinidad de nombres ilustres. Con solo 50 partidos disputados y cinco goles convertidos en apenas dos temporadas de carrera, Marcelo Bravo fue uno de ellos.

Perdido en los recuerdos recientes de la memoria de muchos fanáticos, el “Indio” supo despertar una gran admiración en la gente del “Fortín”, cuando allá por el año 2003 hizo su aparición en el primer equipo de Vélez. En ese entonces, su gambeta y su desparpajo llamaron la atención del entrenador Carlos Ischia, quien lo hizo debutar en la derrota por 4 a 1 ante San Lorenzo en la fecha 18 del Apertura, con tan solo 18 años.

Con la misma rapidez con la que debutó se fueron sucediendo sus siguientes pasos en el mundo del fútbol, y en un abrir y cerrar de ojos se encontró como titular indiscutido con la camiseta de la V azulada. La llegada de Miguel Ángel Russo al banco de Vélez en el año 2005 no hizo más que potenciarlo, y el “Indio” pasó de promesa a realidad en muy poco tiempo.

En el primer semestre de ese año Bravo mostró su mejor versión, en un equipo muy aceitado que no encontró competencia y acabó coronándose campeón del Clausura con una fecha de anticipación. Allí, junto a otros nombres de peso en el pasado reciente de la institución, como Jonás Gutiérrez, Leandro Gracián, Lucas Castromán y Rolando Zárate, el mediocampista oriundo de Lomas de Zamora supo desplegar su magia.

Sus rendimientos no pasaron desapercibidos para Marcelo Bielsa, quien entonces dirigía a la Selección Nacional, y luego de un paso breve por el Sub 20 en el Sudamericano de Colombia, y de una presencia vistosa como sparring de la Mayor, el “Indio” comenzó a sonar fuerte para una posible convocatoria. Sin embargo, el destino tenía otros planes, y el 20 de agosto llegó esa tercera fecha del Torneo Apertura que acabaría siendo fatídica.

Ese día Vélez se enfrentó en el Bosque ante Gimnasia y lo aplastó categóricamente por 6 a 0, con Bravo mostrando su mejor nivel y anotando un gol de hermosa factura, además de ser la figura de la cancha. Con 20 años y un puñado de meses, ese sería su último tanto oficial, así como también el último partido que lo tendría entre los protagonistas.

El lunes siguiente, en el entrenamiento posterior a la goleada, el fútbol le comenzaría a cerrar las puertas, cuando al llegar a la práctica Russo y su cuerpo médico lo separaron del resto. Los últimos estudios que se había realizado no habían arrojado buenos resultados, y el jugador debía parar por precaución. Sin embargo esa precaución inicial se convirtió a los pocos meses en una obligación definitiva, al confirmarse que el cuadro que padecía correspondía a una hipertrofia cardiovascular que no presentaba solución. El destino le tenía preparada una jugada difícil que, esta vez, no pudo gambetear.

De ahí en más el “Indio” desapareció de los medios. Su carrera quedó trunca, y su vida pasó casi al anonimato. Se repuso, aunque le costó, pero lo hizo. Con presente como entrenador de las divisiones inferiores de un Vélez que nunca le soltó la mano, Marcelo Bravo soñó muchas veces con la aparición de una cura que le permitiese volver a calzarse los cortos, pero la misma nunca llegó, y debió conformarse con el consuelo de que su último partido en primera también fuera el mejor.




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