domingo, 21 de enero de 2024

Ídolo por adopción: el último héroe del Mineirão, de vuelta en casa

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El sábado 4 de agosto de 2007 Estudiantes debutó en el Torneo Apertura con una sólida victoria sobre Banfield. El Pincha se impuso en una fría noche invernal por 3–0 en el Estadio Florencio Sola, luego de un partido de trámite parejo que se destrabó en el final: a los 75’ Ezequiel Maggiolo hizo el 1–0, a los 83’ Javier Sanguinetti marcó en contra para extender la ventaja y finalmente a los 90, de penal, Juan Sebastián Verón terminó de redondear un auspicioso debut para el equipo de Diego Simeone. Ese mismo día, horas antes, el León había conseguido ponerle un punto final a su gran novela del mercado de pases: la llegada de un joven Enzo Nicolás Pérez, de solo 21 años, desde Godoy Cruz de Mendoza.

El interés de Estudiantes en el volante tuvo su germen a finales de junio, con el mercado encendiendo motores. El Bodeguero había perdido la categoría al caer en la Promoción con Huracán y Ricardo Schlieper, por entonces su representante, estaba desesperado por encontrarle una salida. ¿El principal inconveniente? La elevada cotización que había puesto el Tomba: pedía tres millones de euros por el 100% de su ficha. Luego de la primera aproximación, la Comisión Directiva se alejó espantada y las charlas quedaron en impasse.

La insistencia de Diego Simeone sería clave: el Cholo, convencido de que se trataba de un refuerzo ideal, machacó en cada charla para reflotar su arribo. También buscó a otro volante de Godoy Cruz, que luego llegaría a La Plata pero no para jugar en Estudiantes sino en Gimnasia: Diego Villar. Después del rumor de una venta al Villarreal de España que nunca se concretó, y del supuesto interés de Tigre, Newell’s, Banfield e incluso Boca, finalmente en la segunda semana de julio el Pincha volvió a pedir condiciones.

Cerrados ya Diego Galván, Iván Moreno y Fabianesi, Edgar González y Juan Manuel Salgueiro, la CD se abocó a cumplir con los restantes pedidos del DT. En el orden de prioridades del Cholo asomaban un volante ofensivo por afuera y un delantero de área, ante las salidas de José Sosa y Mariano Pavone. Las dos búsquedas terminarían resolviéndose a último momento.

Para el 20 de julio el Diario El Día daba su arribo por cerrado “en un noventa y nueve por ciento”, pero contra todo pronóstico las charlas volvieron a estancarse y aparecieron dos nombres alternativos: Rodrigo Archubi de Lanús y Nicolás Bertolo de Banfield. Ambos duraron poco en el radar. Mientras tanto Enzo Pérez continuó entrenando junto al plantel Tombino en el Hotel Quintana de San Luis, con vistas a la temporada venidera de la Primera B Nacional y un nuevo DT, Sergio Batista, quien a mediados de esa misma temporada dejaría el cargo para sumarse a las categorías juveniles de la Selección Argentina.

A una semana del inicio del torneo el volante parecía más lejos que nunca, pero fue entonces cuando el destino hizo lo suyo. Una pésima noticia reflotó las charlas, obligó a la dirigencia de Estudiantes a avanzar y posibilitó lo imposible. ¿Qué sucedió? El domingo 29 de julio el Pincha disputó su último amistoso de pretemporada ante Libertad de Paraguay en cancha de Quilmes y promediando la segunda mitad Diego Galván sufrió la rotura del ligamento cruzado anterior de su rodilla izquierda y quedó descartado para todo el Apertura.

Todo lo que los clubes no habían avanzado durante un mes se resolvió en cuestión de días, un poco por la urgencia de Estudiantes ante la lesión de la Pantera y otro tanto por la necesidad de Godoy Cruz de resolver de una vez por todas la salida de un futbolista con claras intenciones de seguir en Primera. El jueves 2 de agosto se acordó de palabra su arribo y finalmente el sábado 4 el jugador se realizó sus estudios, rubricó su contrato y fue oficializado, en calidad de cedido por doce meses a cambio de 200.000 euros con una opción de compra de 1.250.000 de la misma moneda por el 50% de la ficha. En junio de 2008 el Pincha adquiriría ese porcentaje.

“Estudiantes me sedujo desde el primer momento, desde que me enteré que estaba interesado en mí. Sabía que Simeone me había pedido. El club va a jugar torneos importantes y por la edad que tengo y debido a que recién estoy dando mis primeros pasos en Primera, no podía dejar de aprovechar esta chance que se me presentó. Todo esto me entusiasmó”, expresó en su primera entrevista como jugador Albirrojo el 6 de agosto.

En su primera práctica Simeone lo alineó como titular, como volante por derecha, y tres días más tarde tuvo su debut: fue el miércoles 9 en una derrota 2–0 en Lanús por Copa Sudamericana, ingresando 18 minutos por el uruguayo Salgueiro. Tres días más tarde, el domingo 12, en el inusual horario de las 11:45, fue titular por primera vez y completó los 90’ en un 1–0 ante Gimnasia de Jujuy en el viejo estadio Único sin techar. El gol de ese partido fue obra de Rodrigo Braña, con un zapatazo de afuera del área. Seis meses más tarde Enzo anotaría su primer gol ante ese mismo rival.

El arribo del N°8 no sería el último, en un mercado de pases que se caracterizó por contar con varios movimientos sobre la chicharra, no solo en Estudiantes. Días más tarde se sumaría Julio Barroso y para mediados de agosto finalmente se saldaría el reclamo del Cholo, con la llegada de un nueve, aunque no satisfizo demasiado al DT: luego de buscar a Bernardo Romeo (cambió Osasuna por San Lorenzo), de tentar a Rodrigo López (se fue al América) y de sondear a Alexis Sánchez (se sumó a River), finalmente quien arribó fue Jeremías Caggiano, con el ex Pincha Néstor Fabbri como intermediario, desde el Guingamp francés.

 

 

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Que Enzo Pérez es hincha de River es tan cierto como que su corazón siempre estuvo partido en dos. Más allá del afecto que lo une a Estudiantes, al que lleva tatuado en la piel en la forma de un León y al cual ahora regresó para tener una tercera etapa, el otro gran amor del volante Albirrojo tiene que ver con sus raíces y está en su Mendoza natal: Deportivo Maipú.

Nacido el 22 de febrero de 1986 en el hospital público Luis Carlos Lagomaggiore, se crió en la localidad de Luzuriaga en el departamento mendocino de Maipú, a solo 11 kilómetros de la capital provincial. Hijo de Carlos (66 años) y de Miriam (64 años), es el mayor de cuatro hermanos: Tatiana (33), Franco (30) y Nahuel (28). Todos son hinchas del Botellero y del Millonario, a excepción del más chico de sus hermanos, que se hizo Pincharrata durante el paso del volante por la ciudad de las diagonales.

Su vínculo con Deportivo Maipú comenzó desde la cuna: su papá, albañil de profesión, supo ser futbolista Cruzado. “Mi viejo jugaba con la 10 en la espalda, era muy habilidoso, un gran tirador de caños. Llegó hasta la Primera de Maipú. Era el típico al que le gustaba jugar, pero de entrenar muy poco (risas). Si se lo hubiera propuesto, habría llegado, no tengo dudas. Lo he visto jugar y hacía diferencia”, contó el propio Enzo en 2019 en una entrevista con La Nación.

Su primer contacto con el mundo del fútbol en edad de Infantiles se dio a los 5 años, en los torneos organizados en el Barrio San Eduardo. Luego recaló en Petroleros de El Bermejo y más tarde pasó al Club Banco Mendoza. Allí comenzó a destacarse entre los demás chicos de su edad y fue citado por el DT Darío Felman (ex jugador de Boca) a la selección juvenil de Mendoza. Mientras él se desvivía por la pelota, puertas para adentro en su casa hacían lo posible para subsistir, ya que su familia vivía el día a día al compás de los trabajos que pudiera conseguir su papá en alguna obra. En esos vaivenes diarios fue que llegó a verlo vender su alianza de casamiento para comprar comida.

“Estábamos tres meses en una casa, cuatro meses en otra, éramos nómades. Mi viejo era albañil y viste cómo son esos trabajos, ¿no? Una semana tenés, otra no. Una vez le dieron una obra grande en un barrio y vivimos en una buena casa, pero en cuanto terminó la obra, afuera. En una época vivimos en un garage, con los colchones, la mesa, la garrafa para cocinar. Para bañarnos le teníamos que pedir el baño a la gente que vivía en la casa”, contó en La Nación.

A los 9 años finalmente desembarcó en el club de sus amores, por intermedio de Franco Aversa y Rubén Feriozi. Con la camiseta de Deportivo Maipú pudo debutar en la Liga Mendocina en 2002, con solo 16 años. “Apenas subí entré de enganche y en la primera que agarré, la pisé y gambeteé a dos o tres. En la siguiente vino un grandote y me pisó todo el pie. Yo no quería salir, pero sentía como cuando tenés una piedrita en el zapato. Me saqué el botín para que saliera la piedrita, y nada. Te la hago corta: con el pisotón me había sacado toda la primera falange, el ruidito era el roce del hueso con el botín. Ese fue mi bautismo en la Primera de Maipú”, recordó Enzo sobre esos tiempos.

A los 17 años finalmente dio un salto clave en su carrera al pasar a Godoy Cruz. Allí conocería a Daniel Oldrá, el Gato, quien se convertiría con el tiempo en su padre futbolístico. “Siempre supe que Enzo era un jugador distinto, con decir que tuve una discusión con un técnico porque él decía que no podía jugar en el Nacional B. Es más, le hice una apuesta y se la gané. Cuando fui coordinador fue al primer jugador que traje”, contó el propio Oldrá, que hoy se encuentra atravesando su enésimo ciclo como DT del Tomba.

Luego de debutar y afianzarse en el primer equipo, durante la temporada 2005/06 fue una de las figuras de un hito histórico para el pueblo Tombino: el ascenso a la máxima categoría. Ese ascenso no solo le abrió las puertas de la Primera División al Enzo jugador, sino que también le permitió cumplir uno de sus sueños al Enzo hincha: “Conocí el Monumental de grande, cuando jugaba en Godoy Cruz en 2006. Un sábado le ganamos a Independiente 3–1 (fue la primera victoria del Tomba), y a la nochecita agarramos el auto con mi señora, mi cuñado y mi suegro y nos vinimos los cuatro a ver el River-Boca que terminó 3–1 con el gol de taco de Higuaín”.

 

 

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48 son los goles que convirtió Enzo Pérez desde su debut como futbolista. Hay entre ellos 18 que fueron con la camiseta de Estudiantes, 13 en Godoy Cruz, 10 en Benfica, 6 en River y 1 con la Selección Argentina. Solo en dos ocasiones marcó más de un gol en un mismo partido y una de esas dos fue el 23 de mayo de 2009.

En aquella oportunidad el equipo Estudiantil, que no lo sabía pero iba camino a su cuarta Copa Libertadores, recibió a Argentinos Juniors en el Estadio Ciudad de La Plata por la fecha 15 del Torneo Clausura. En ese partido al N°8 del elenco Albirrojo le salió absolutamente todo bien. En esa ocasión no solo marcó dos veces, sino que terminó firmando el único hat-trick de su carrera.

1–0. A los 32 minutos Rodrigo Braña rompió la monotonía con un pase directo en tres cuartos de cancha. Enzo recibió con la zurda. Un freno y tres toques para girar y dejar pagando a su marcador. Un cuarto toque para acomodarla y quedar de frente al arco, todavía a un par de metros de la medialuna, con tres rivales por delante. Después de esa última caricia, llegó la pausa justa para armar el remate. Con un tal Juan Sebastián Verón libre, abriéndose a su izquierda, Enzo hizo la suya y sacó un terrible zurdazo que se colocó bien arriba, a centímetros del ángulo. Palo y a cobrar. Nada que hacer para Sebastián Torrico, arriba el León.

2–0. Jugada de pizarrón, casi en la última pelota de la primera parte. De arco a arco, en solo diez segundos. Pelotazo largo de Mariano Andújar desde fuera del área grande, levemente volcado hacia su izquierda. Una pelota con destino de lateral, pero que Mauro Boselli consiguió peinar para mantener en juego a escasos centímetros de la banda. El goleador cabeceó en dirección de Juan Manuel Salgueiro, quien aparecía encimado por Andrés Scotti. El pícaro uruguayo le puso el cuerpo, encaró hacia el fondo y en lugar de centrar por vía aérea se tomó un segundo adicional: enganchó y habilitó a Enzo, que entró como 9 en el espacio que Boselli dejó vacante por haber bajado a pivotear, se anticipó a su marcador y con un toque rasante de primera al segundo palo, esta vez con la diestra, volvió a batir a Torrico. Golazo.

3–2. Todo lo bueno que el Pincha había hecho durante los primeros 45 minutos lo sepultó en solo 4 durante la segunda parte: Gabriel Hauche descontó desde el vestuario y Nicolás Pavlovich lo empató instantes después. Superado el cimbronazo, Estudiantes volvió a encontrar la ventaja en los pies de Enzo Pérez. Esta vez de manera azarosa, para confirmar que era su día. Salgueiro la luchó dentro del área y descargó hacia afuera con la Bruja, que sacó un tiro fulminante que se estrelló en el palo izquierdo de Torrico. ¿Hacia dónde fue el rebote? Específicamente al punto exacto del área grande en el que Enzo esperaba, solo, sin marca, para anotar de derecha el 3–2 definitivo. La pelota va al jugador.

3.044 días tuvieron que pasar para que volviese a gritar más de un gol en un mismo partido. Fue ya con la camiseta de River, en un 8–0 ante Jorge Wilstermann por Copa Libertadores.


 

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Las primeras horas del 15 de julio de 2009 fueron diferentes para Florencia, que inició el día con unas contracciones fuera de tiempo y también fuera de lugar. Estaba transitando sus últimas semanas de embarazo, aunque todavía no estaba en fecha, y además era un momento poco oportuno para la familia: su marido estaba lejos, a 2.816 kilómetros de distancia, en un viaje por trabajo pero también por la gloria. Florencia es Florencia Martínez, su pareja es Enzo Pérez y ese día estaba en Belo Horizonte con Estudiantes, a punto de disputar la Final de vuelta de la Copa Libertadores.

Cuenta la historia que, por la tarde de aquel miércoles, la tensa calma de la concentración Albirroja en el hotel Caesar Business del barrio Belvedere se rompió entre gritos de algarabía. Antes, una de las figuras de aquel equipo rompió en llanto. Antes también, la incertidumbre se plasmó en los rostros de todos sus compañeros. Cuando se corrió la voz de lo que había pasado todo el plantel se convenció de que era una señal de lo que estaba por venir, así como horas antes lo había sido volar en el vuelo AR1968 de Aerolíneas Argentinas. ¿Qué había sucedido? Florencia y Enzo habían sido papás por primera vez.

“Esa mañana hablé con mi mujer y me dijo que iba a ir al médico porque tenía contracciones muy seguidas, pero yo no terminaba de caer que estaba por ser padre por primera vez. Me fui a dormir la siesta y de golpe me llamó mi mujer para avisarme que entraba en el quirófano. ‘Bueno mi amor, mucha suerte, chau’, le dije, y le corté… Ja, ja, increíble, estaba re dormido. Me habrá puteado en 250 mil colores”, recordó Enzo tiempo atrás en La Nación.

“Me levanté de la siesta, bajamos a merendar y ahí me cayó la ficha. Me largué a llorar mal. Nadie entendía nada. Se me acercó Fede Flores, uno de los fisios que todavía está en Estudiantes y me preguntó qué me pasaba. Le conté que estaba por ser papá. Ahí se fue corriendo la bola, se emocionaron todos y me subieron a la habitación. ‘Quedate tranquilo que el nene nació en perfectas condiciones, está re bien, Florencia lo mismo’, me dijo mi viejo. Ahí me solté, todos me saludaban y Calderón empezó a gritar: ‘Somos campeones, este guacho trae la Copa bajo el brazo, somos campeones, no puede fallar’”, agregó sobre aquella anécdota. Hoy Florencia y Enzo, que formaron su familia en La Plata, siguen juntos y tienen dos hijos: Enzo Santiago (14 años) y María Pía (9 años).

Antes de saltar a la cancha el flamante papá habló nuevamente con su propio padre, para buscar tranquilidad. “Enfocate en tu partido, acá está todo bien, después hablamos y festejamos”, fue la respuesta. El Pincha había empatado 0–0 en La Plata y debía ganar en Brasil. Arrancó abajo, pero supo darlo vuelta para imponerse 2–1 y sumar una nueva copa a sus vitrinas. En el final, una de las fotos más icónicas de aquella noche: el abrazo y el llanto de Enzo y la Bruja arrodillados en el Mineirão.

“Se lo quiero dedicar a mi hijo que nació hoy, a las 17:35”, diría horas más tarde, apenas finalizado el partido y prácticamente desde el campo de juego, ya como campeón de América por primera vez. Enzo Santiago, el protagonista involuntario de esta historia sería, casi 15 años más tarde, uno de sus apoyos a la hora de decidir regresar a Estudiantes. “Siempre es lindo volver a un lugar en donde siempre te quisieron. Ojalá que tengas muchos éxitos y ganes muchos títulos. Te quiero mucho, pa”, le escribió en Instagram tras confirmarse el retorno.


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El pasado 12 de diciembre se cumplieron trece años de la que, hasta ese día, era la última estrella que había conquistado Estudiantes. Horas más tarde la cuenta se reiniciaría a cero. Aquella jornada de domingo en ese lejano 2010 representó el corolario del campañón que realizó un equipo que supo reinventarse bajo la invaluable tutela de Alejandro Sabella, quien no lo sabía pero esa tarde en Quilmes dirigiría por última vez en el club. Las fotos se las llevaron otros, pero la figura de aquel semestre fue el desfachatado volante de Mendoza.

Mucho antes del Enzo Pérez cerebral que deslumbró en River, del volante mixto que hace de la pausa y de la distribución sus principales virtudes, existió un Enzo distinto. De mucho vértigo. De gambeta, de aceleración y también de un gran impacto en ataque. La Copa Libertadores 2009 es a simple vista el título que más resalta en la vitrina del volante en su paso por Estudiantes, pero el Torneo Apertura 2010 fue el que dejó en evidencia su mejor cara.

Fue una versión con matices, con mucha versatilidad, que lo vio en ocasiones jugar suelto en ataque como segundo punta de Gastón Fernández, pero también a veces como volante por izquierda. En ocasiones incluso por adentro, y también por momentos por derecha. Omnipresente del medio hacia adelante, se constituyó en el mejor jugador de aquel semestre. Si bien la Gata es quien acaparó las tapas de los principales diarios, con apariciones decisivas en situaciones claves, el rendimiento colectivo de aquel equipo de Pachorra se apoyó durante buena parte del certamen en el desempeño individual del mediocampista maipuense.

En total disputó 17 partidos, todos ellos como titular, a lo largo de los cuales convirtió 3 goles ante Racing, Lanús y Huracán. Sus asistencias, sin embargo, fueron más importantes que sus goles. En total dio el pase final en 4 gritos Albirrojos, con el agregado de que dentro de esa lista hubo jugadas fundamentales: fue quien asistió a Marcos Rojo en el 1–0 ante Boca, a Gastón Fernández en el 1–0 a San Lorenzo y a Rodrigo López en la apertura del marcador en el 2–0 que posibilitó el título ante Arsenal. Además le cometieron dos penales que la Gata y Ro-Ro cambiaron por goles.

La estadística marca que completó la totalidad de los minutos en 15 de los 17 partidos que disputó. Solo fue reemplazado ante San Lorenzo en el Nuevo Gasómetro, mientras que frente a Independiente en la fecha 16, tras una buena actuación, terminó viendo la roja en el final por una dura infracción en tiempo de descuento, en represalia por todo lo que le habían pegado para frenarlo durante el partido. Esa roja le costó muy cara: le dieron dos fechas. Ahí el equipo dio una muestra de carácter gigante y derrotó 3–1 a Argentinos y 4–0 a River en el Monumental (también sin Verón). Para la fecha final regresó y volvió a ser decisivo.

Sus rendimientos durante aquel semestre despertaron el interés de Benfica, Hamburgo y Pachuca. Finalmente el equipo que ganaría la pulseada, aunque seis meses más tarde, sería el mismo que hoy, en 2024, volvió a mirar hacia La Plata para llevarse esta vez a Benjamín Rollheiser. Para entonces Estudiantes seguía teniendo el 50 por ciento de su ficha, mientras que el 50 restante no era ya de Godoy Cruz: semanas antes de su venta lo adquirió el empresario Miguel Pires. En calle 53 quedaron alrededor de 3,5 millones de dólares por la venta de su porcentaje.


 

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“¡Descansá en paz PROFESOR! Este alumno nunca te olvidará. Mis condolencias a toda su familia”, escribió Enzo Pérez en su cuenta de Instagram el fatídico 8 de diciembre de 2020, en el que Alejandro Sabella trascendió el plano terrenal y alcanzó la inmortalidad, junto a una foto de ellos dos, sonrientes, el día de la reinauguración del Estadio Jorge Luis Hirschi. El por entonces volante de River, retraído habitualmente en sus redes sociales, habló desde el corazón para despedir a uno de sus mentores.

Pachorra representa una de las tres columnas que podrían considerarse como la Santísima Trinidad de la vida futbolística del talentoso mendocino, entre los entrenadores que definieron en buena medida el rumbo de su carrera. Jorge Jesús y Marcelo Gallardo fueron los otros dos. “Ellos son los que más me marcaron, pero no solamente a nivel profesional, sino también a nivel personal, que eso uno lo agradece mucho”, dijo el volante cada vez que fue consultado al respecto.

Alejandro Sabella fue quien representó el primer gran quiebre en el recorrido de Enzo Pérez en el fútbol. Pachorra asumió la conducción técnica de Estudiantes en los primeros meses de 2009, luego de la salida de Leonardo Astrada. Con el ex volante de River al frente el mendocino fue mayormente titular pero no terminó de explotar. La llegada de otro ex futbolista Millonario como Pachorra, pero identificado con la escuela Pincharrata por lo hecho como futbolista en los ’80, terminaría por convertirlo en una pieza clave del equipo.

Después del rol importante que tuvo en la Copa Libertadores, su momento de brillar llegó en 2010, en el Torneo Apertura. Allí la gran novedad fue su cambio de lugar en el campo de juego, algo que en parte fue por decisión del DT y otro tanto por necesidad. Y también, por la insistencia del jugador: “Le rompí tanto a Alejandro diciéndole que mi sueño era jugar de media punta, libre detrás del 9, que me terminó dando la oportunidad y viví un semestre fantástico, me salían todas”.

Más allá del impacto que tuvo la figura de Pachorra en Enzo Pérez dentro de la cancha, también fue muy importante para el jugador en la parte emocional y eso es algo que siempre le destacó: “Alejandro me dijo que tenía que preocuparme más y ser más profesional de lo que era porque el cuidado del jugador de fútbol no es solamente por las tres o cuatro horas que está en el club, sino afuera también. Me cambió la cabeza”, recordó en 2020.

Sobre esa importante enseñanza que recibió de Sabella en Estudiantes ya se había manifestado, años atrás, en el Diario Los Andes de Mendoza: “Me ayudó mucho a crecer como jugador. Lo agarré en una etapa de mi vida en la que me dio un impulso muy grande para jugar en Europa. Yo no le daba importancia a los entrenamientos. Creía que jugando bien el sábado o el domingo, era suficiente. Pero Alejandro me enseñó la trascendencia del día a día”.

Esa evolución del mendocino fue total, en la cabeza y en lo futbolístico, y no pasó desapercibida para Pachorra cuando sus caminos se separaron post Estudiantes: contra todos los pronósticos lo incluyó en la lista de la Selección Argentina para el Mundial de Brasil en 2014. Sus detractores primero lo criticaron, ufanados bajo la socarrona mueca del “correte que están jugando al fútbol”, pero luego debieron hacer silencio cuando, por esas cosas maravillosas que tiene el fútbol, pasó de entrar por la ventana a ser titular en Semi y Final con rendimientos destacados. La mano de Pachorra, la cabeza de Enzo.

“Más nosotros, menos yo; más grupo, menos individuos”, rezó la bandera con la que el plantel de Estudiantes saltó al campo de juego cuatro días después de la muerte del Profesor, homenajeándolo a través de uno de sus mantras más recordados. Esos valores que Enzo supo incorporar, quizás, fueron los que lo llevaron a levantar la mano el 19 de mayo de 2021 para ponerse a disposición de su equipo: en medio de un brote de Coronavirus, sin arqueros disponibles en el plantel de River, se expuso al ridículo y se calzó los guantes como titular en una movida digna de la era amateur, pero con noventa años de profesionalismo. La historia la conocemos todos: no solo estuvo a la altura sino que ganaron 2–1.


 

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El regreso de Enzo Pérez a Estudiantes le hará justicia a una relación fugaz, que no tuvo la chance de florecer en el tiempo dentro de un campo de juego: después de más de una década volverá a encontrarse con José Sosa en el Pincha. El de Maipú fue justamente quien tomó la posta del de Carcarañá, ya que llegó con el objetivo de reemplazarlo. Un poco por eso, y otro tanto por la referencia a Enzo Francescoli que porta en su nombre, al llegar a La Plata lo bautizaron como “el Principito mendocino”.

Enzo y José coincidieron apenas seis meses, en una realidad diferente. Fue en el primer semestre de 2010, después de la Libertadores 2009 pero antes del título en el Apertura. Hoy son sinónimos de experiencia, pero por entonces representaban rebeldía y juventud. Un José Sosa de 24 años y un Enzo Pérez de 23 tuvieron la posibilidad de coincidir en 19 ocasiones, 16 de ellas partiendo ambos desde el arranque. Curiosamente solo 3 veces completaron juntos los 90 minutos en cancha: ante Racing, Alianza Lima e Inter de Porto Alegre, en la fatídica eliminación de Copa Libertadores en cancha de Quilmes.

También se encontraron en la Selección Argentina, en donde compartieron más citaciones que partidos: solo coincidieron en cancha durante 45 minutos, en la segunda parte de un amistoso con Costa Rica el 26 de enero de 2010. Curiosamente ese fue el primer partido que jugaron juntos, ya que se dio días antes del inicio del Torneo Clausura. Con ambos jugando en Estudiantes y en medio de una citación en el ámbito local, Diego Maradona fue quien les dio esa posibilidad. Luego, por esas cosas de la vida, ya con Sabella pelearían por un lugar en la lista rumbo a Brasil 2014. Enzo quedaría entre los 23, pero José no.

Así como hoy serán referentes del plantel modelo 2024, mientras que en aquel tiempo eran quienes se apoyaban en las figuras de mayor jerarquía, algo que también cambió y salta a la vista tiene que ver con el lugar de cada uno en el campo de juego. Ambos se reconvirtieron en volantes internos, Enzo más de cinco tapón, luego de iniciar su carrera jugando por las bandas.

“En Godoy Cruz, con el Chocho Llop, jugaba de volante por la derecha en un 4–4–2. Ahí tenía que agarrar la pelota en la mitad de cancha, tirar una pared, gambetear y mandar el centro”, recordó el propio Enzo al desandar sus inicios como futbolista. Su reconversión en el jugador que es hoy lo vio desempeñarse por las bandas en Estudiantes, para luego moverse suelto detrás de la referencia de área. En Benfica llegaría su transformación definitiva: “Arranqué por la derecha y Jorge Jesús me propuso jugar como doble cinco. Yo no quería saber nada, no me veía ahí. Terminé siendo elegido el mejor futbolista del año, tenía razón…”.

Para José Sosa esa reinvención como mediocampista interno llegó, curiosamente, de la mano del entrenador con el cual explotó en el Pincha. Con Diego Simeone en Atlético Madrid, durante el primer semestre de 2014, comenzó a alternar algunos partidos alejado de las bandas y abocado a distribuir el juego desde la zona central. Finalmente luego sería en Turquía donde se afianzaría en ese sector, primero en Besiktas y luego en Trabzonspor y Fenerbahce.

El fugaz encuentro entre ambos, quizás, no le terminó de hacer justicia a Enzo, que pudo haber sentido la presión del regreso de aquel a quien tiempo atrás debió reemplazar. Los momentos de cada uno, a pesar de la edad, eran distintos. La versión del de Maipú fue, durante algunos pasajes de ese semestre, más pálida y tenue que en sus mejores momentos, aunque dejó perlitas como el golazo que anotó ante Inter. El de Carcarañá venía de un fútbol más físico y a la vez más dinámico como el alemán, luego de dos años y medio en el Bayern Munich, por lo que pudo adaptarse mejor.

Hoy un dato estadístico los retrata como los últimos estandartes de una época dorada en el Pincha: José Sosa es el único titular del campeonato obtenido en el Apertura 2006 que sigue en actividad, mientras que Enzo Pérez es el único titular de la Copa Libertadores conquistada en 2009 que todavía no colgó los botines. Con una carrera destacada sobre sus espaldas, ahora coincidirán en la recta final de su recorrido con la pelota, esta vez en etapas similares, y el hincha se ilusiona con una sociedad de lujo. De Príncipe a Príncipe.


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