sábado, 30 de diciembre de 2023

Schumacher, después de la leyenda

Publicado en Medium

 

Diez años pasaron de una de las mayores tragedias de la historia reciente para el mundo del automovilismo. La historia en cuestión no se dio en un circuito de carreras, ni tampoco hubo autos involucrados. Una pista de esquí fue el insólito escenario del desastre y una piedra el inesperado objeto fatal. El desenlace sería el final de la vida tal cual la conocía hasta entonces para uno de los mayores íconos deportivos de la Fórmula 1.

¿Cómo está Michael Schumacher? Desde el 29 de diciembre de 2013 deben ser muy pocas las personas que no se hayan hecho esa pregunta. Una década más tarde, la respuesta sigue condicionada por la incertidumbre. Su estado de salud es, quizás, uno de los mayores misterios del mundo del deporte. Así es por el deseo de su familia, que ha logrado algo pocas veces visto en la historia de aquellos que alcanzaron la fama: hacer valer su derecho a la privacidad.

El antes y el después de la vida de uno de los mejores pilotos de la historia tiene su punto de quiebre en aquella jornada. Después de una carrera laureada como ninguna y apenas a doce meses de afrontar su segundo retiro de la actividad profesional, toda la fortuna que tantas veces supo estar de su lado se le volvió en contra en un instante en el lugar menos pensado.

El domingo 11 de septiembre de 1999, el Kaiser escapó a un choque frontal a casi 200 kilómetros por hora “solo” con una fractura de tibia y peroné, tras sufrir una falla de frenos en Silverstone transitando Copse, una de las curvas más temidas del calendario. Un año y medio más tarde, el viernes 2 de marzo de 2001, volcó y dio dos vueltas de campana luego de perder el control en la curva 6 del Albert Park de Melbourne. No solo salió caminando por sus propios medios sino que al día siguiente consiguió la pole position y el domingo inició la temporada con una dominante victoria. Como esos dos episodios tuvo otros, pero pudo sortearlos a todos para moldear una de las trayectorias más impactantes de la historia.

Después de desafiar a la muerte en 308 grandes premios de Fórmula 1 y luego de superar exitosamente un sinfín de desafíos en diversos deportes extremos, el ídolo que parecía inmortal le demostró al mundo que era de carne y hueso durante un inofensivo fin de semana de vacaciones en la nieve.

EL INFIERNO BLANCO

Un paisaje de ensueño se cierne bajo Los Alpes franceses, en el Valle de la Tarentaise y a poco más de 1.500 metros de altitud. Allí en medio de las montañas y de una copiosa capa de nieve se encuentra la estación de esquí de Méribel, en la localidad de Les Allues en el corazón de la vieja provincia de Savoie, que supo albergar en 1992 un selecto puñado de eventos de los Juegos Olímpicos de Invierno que se celebraron en la vecina ciudad de Albertville. Allí también es donde la familia Schumacher decidió pasar los días finales de aquel lejano 2013 para despedir el primer año de Michael como piloto retirado.

Creada a finales de la década del ’30, pero inaugurada recién luego de la Segunda Guerra Mundial, la pintoresca estación de Méribel forma parte de una región icónica denominada Les 3 Vallées, a 70 kilómetros de la frontera con Italia. El nombre hace alusión a los valles de Les Allues, Belleville y Saint-Bon, a los cuales desde 1997 se sumó Maurienne, aunque sin alterar el nombre tradicional. En total la región cuenta con ocho estaciones interconectadas, con más de 600 kilómetros de pista en los cuales se puede esquiar presentando un único pase.

La mañana de aquel 29 de diciembre de 2013 parecía la de un día más en el chalet familiar de los Schumacher, en el cual de manera casi religiosa solían pasar las Navidades. El último domingo del año amaneció con un sol radiante y eso invitó al siete veces campeón mundial de Fórmula 1 a aventurarse por esas pistas que tan bien conocía. Después de desayunar terminó por convencerse y se decidió a esquiar, junto a su hijo, por entonces de 14 años.

Michael y Mick partieron junto a un pequeño grupo de conocidos por el sendero principal, descendiendo por la montaña Saulire con los picos en forma de dientes del Dent de Burgin imponentes a sus espaldas, y siguieron el recorrido habitual de la colina. A 2.100 metros de altura llegaron a una bifurcación en la pista, con dos posibles caminos por delante: hacia un lado, marcado con un listón azul, el camino de La Biche, el más sencillo pero quizás el más rápido de los dos; hacia el otro el sendero rojo, la ruta de Mauduit, la más difícil por lo intrincado de su recorrido y por sus superficies dispares. Schumi no iría por ninguno de los dos.

Pasadas las 11 de la mañana el Kaiser eligió transitar entre medio de ambos caminos, saliendo fuera de pista para ayudar a un amigo que había sufrido un tropiezo, según la reconstrucción de la investigación policial. A solo nueve metros de la pista y al intentar retomar la marcha, cayó en la trampa oculta que le tendía una fina capa de nieve suelta.

Todo pasó en cuestión de segundos. Con uno de sus esquís Schumi chocó contra una piedra que lo hizo trastabillar, cayó sobre su costado derecho y golpeó con su cabeza contra otra roca. Si bien llevaba casco, el impacto fue muy fuerte. La protección se partió al instante y pareció prevenir lo peor: inicialmente se mantuvo consciente.

Sin embargo a los pocos minutos, ya en el helicóptero de rescate rumbo al modesto Hospital D’Albertville-Môutiers, el panorama cambió: perdió el conocimiento, debió ser intubado y fue trasladado finalmente a una clínica especializada en Grenoble. El cuadro era peor de lo previsto, algo que luego se teorizó, a través de las pesquisas, que podría haber tenido que ver con la montura metálica de su GoPro, que enfatizó el impacto en el cráneo de Michael.

“Recibimos la llamada de los rescatistas de montaña, que lo cuidaron en la pista. Nos dijeron que aterrizó sobre su cabeza y sufrió una lesión grave en ella. Inmediatamente despaché el helicóptero para que fuera a la zona. Todavía recuerdo que los médicos de emergencia tuvieron problemas en las laderas, debido a lo complicado de la zona del accidente”, contaría cinco cinco años después Stephane Bozon, el coordinador de emergencias que lideró el operativo de rescate, en diálogo con el portal germano Focus Online.

LA MÁQUINA DE GANAR

Un año antes de aquel fatídico accidente en Méribel, Michael Schumacher se despedía por segunda ocasión de la Fórmula 1, esta vez para siempre. Su camino en la máxima categoría del automovilismo mundial se extendió por más de dos décadas y es probable que sea el más conocido de la historia de la disciplina. Sin embargo su estrecho vínculo con las cuatro ruedas comenzó casi desde la cuna.

Michael nació el 3 de enero de 1969 en Hürth, un pequeño pueblo de Alemania que recién hoy apenas supera los 60 mil habitantes. Hijo de Rolf, un obrero de la construcción que a su vez era dueño de una pista de karting, y de Elisabeth, quien trabajaba atendiendo la cantina del circuito. A los cuatro años comenzó a manejar un karting a pedal, modificado por su padre con piezas descartadas para incorporarle un pequeño motor, y a los seis ganó su primer campeonato en el club de karting de Kerpen.

Ya con 12 comenzó a competir en certámenes regionales, aunque lo hizo bajo la bandera de Luxemburgo, ya que los reglamentos de Alemania impedían que pudiese participar. Finalmente en 1983 llegó a la edad mínima (14 años) y pudo representar a su país a nivel nacional e internacional. El éxito fue inmediato y dejó en evidencia su calidad conductiva: en 1985 fue campeón alemán junior y en 1987 se consagró no solo como campeón nacional senior sino también como campeón europeo.

De los kartings pasó a los monopostos y los resultados continuaron acompañándolo. En 1988 fue subcampeón de la Fórmula Ford europea y conquistó la Fórmula König. En 1989 solo pudo ser tercero en la Fórmula 3 alemana, pero un año más tarde se tomó revancha y se alzó con el título, conquistando además el mítico Gran Premio de Macao. Sin embargo el año 1991 lo vio comenzar la temporada sin un asiento a tiempo completo en autos de fórmula, abocado al Mundial de Resistencia de la FIA de la mano del equipo Sauber Mercedes. Hasta que en agosto la fortuna le jugaría una carta importante.

El debut de Michael Schumacher en la F1 tendría lugar el domingo 25 de agosto de 1991, en medio de una historia de película. El piloto titular del coche N°32 del equipo Jordan era Bertrand Gachot, pero para el GP de Bélgica en Spa-Francorchamps no pudo estar presente… por estar preso.

¿Qué sucedió? A comienzos de ese año el piloto franco-belga tuvo un altercado en Londres con un taxista. Primero discutieron. Luego pasaron a las manos. Y finalmente Gachot no tuvo mejor idea que rociar su rostro con una lata de gas lacrimógeno. Lo que en principio pareció ser algo menor, en realidad no lo fue: por entonces se trataba de un producto ilegal en el Reino Unido, por lo cual recibió seis meses de prisión.

Desconocido por todos en el paddock, Schumi apareció como una solución para salir del apuro, pero no dejó pasar su oportunidad y en clasificación llevó al Jordan a un inesperado 6° puesto. Si bien su carrera duró poco más de cien metros por culpa de un embrague averiado, la semilla ya había sido plantada. Esa sería su única carrera en el equipo irlandés: dos semanas más tarde se sumaría a las filas de Benetton. ¿Gachot? Pasaría dos meses tras las rejas y recién volvería para la última carrera, pero en el equipo Larrousse. Cuatro años después se alejaría de la F1.

El ascenso de Schumacher fue meteórico. Pocos pilotos generaron un impacto similar, en tan poco tiempo. En su segunda carrera, la primera en su nuevo equipo, finalizaría por delante de su compañero, un tal Nelson Piquet, tres veces campeón mundial.

Un año después de su debut en Spa, llegó su primera victoria. El 30 de agosto de 1992, con un Benetton que todavía no estaba a la altura de Williams y McLaren, mostró por primera vez una característica que lo distinguiría a lo largo de su carrera: un sexto sentido especial bajo la lluvia. Esa sería la primera de 91 victorias, en un trayecto que lo vio conseguir además 7 títulos, 77 récords de vuelta y 68 pole position.

Luego de dos títulos en Benetton para 1996 sorprendió al mundo y decidió apostar por la opción menos probable. El N°1 se tiñó de rojo y Schumi se llevó sus aspiraciones de conquistar un tercer título a Ferrari, con la esperanza de ser el artífice de la hazaña de despertar al gigante en desgracia que llevaba 17 años sin consagrase campeón mundial de pilotos. Al quinto intento, lo consiguió.

Lo que vino luego fue una de las etapas más dominantes que haya visto la Fórmula 1: entre 2000 y 2004 el binomio Michael-Ferrari se convirtió en una implacable máquina de ganar, con 48 victorias en las 85 carreras que se llevaron a cabo.

LA FAMILIA SCHUMACHER

“A veces me gustaría que hubiera un poco más de paz y tranquilidad para la familia, que la gente no hiciera tantas preguntas. Creo que Michael tuvo su tiempo en el ojo público y eso fue genial. Pero después de tanto tiempo, es hora de entender que necesitas intimidad”, reconoció Ralf Schumacher en la víspera de un nuevo aniversario del accidente de su hermano, en diálogo con Sky Alemania, en donde él mismo es columnista.

Seis años menor que el ídolo, también supo correr en Fórmula 1 e incluso obtuvo 6 victorias de la mano de Williams. Entre 1997 y 2006 compartieron el día a día del campeonato mundial. A pesar de haber estado siempre a la sombra del mayor de los Schumacher, siempre tuvieron una gran relación a pesar de competir para equipos rivales.

“Es chocante lo mucho que pasó y lo rápido que han pasado 10 años. Echo de menos ese período en el que fue mi mentor, el tiempo que pasamos juntos”, afirmó en esa misma entrevista. Al igual que Michael, Ralf se destacó en las categorías menores ganando el tradicional GP de Macau de Formula 3, una prueba que en el pasado tuvo como ganadores a nombres como Riccardo Patrese, Ayrton Senna o David Coulthard. También como su hermano, debutó en la F1 al mando de un Jordan.

Para la familia Schumacher aquel accidente fue un verdadero calvario, sobre todo para Corinna Betsch, su esposa desde 1995, principal sostén del día a día desde entonces. Ella fue quien hizo posible que la vida privada del Kaiser se mantenga de ese modo. “Michael está aquí. Diferente, pero está aquí, y creo que eso nos da fuerza. Estamos juntos y vivimos juntos en casa. Hacemos terapia. Hacemos todo lo que podemos para que mejore”, contó en 2021 al hablar en el documental ‘Schumacher’.

“‘Lo privado es privado’, como él siempre decía. Es muy importante para mí que pueda continuar disfrutando de su vida privada tanto como sea posible. Michael siempre nos protegió y ahora nosotros protegemos a Michael”, declaró en ese mismo documental producido por Netflix. Fue allí también que contó una infidencia sobre el día del accidente que aún hoy debe resonar en su cabeza: “Él no quería ir a la nieve sino a Dubai. Me dijo que la nieve no era ideal, que podríamos volar a Dubai y hacer paracaidismo”.

Mick y Gina-María son los hijos del ex piloto. Él es quizás el más conocido de los dos, aunque ambos se dedican al deporte. Mick fue campeón de Fórmula 3 y de Fórmula 2, lo que le valió llegar a la Fórmula 1 de la mano de Haas en 2021, aunque a fines de 2022 se quedó sin asiento. Hoy es piloto de reserva de Mercedes en F1 y para 2024 correrá el Mundial de Resistencia con Alpine. Gina-María, por su parte, se destaca en la hípica al igual que tiempo atrás lo hizo su madre, más precisamente en la equitación western, en donde ha obtenido varios premios y reconocimientos. Al momento del accidente solo tenían 14 y 16 años.

“Cuando pienso en el pasado, las imágenes que veo en mi cabeza son normalmente de nosotros cuatro divirtiéndonos. Nos veo pilotando un kart en el prado. Desde el accidente estas experiencias, estos momentos que mucha gente tiene con sus padres, ya no están presentes o lo están en menor medida. Lo daría todo solo por poder tener eso”, expresó Mick a corazón abierto en el documental homenaje a su padre.

LO QUE VINO DESPUÉS

La vida de Michael Schumacher fue una hasta el 29 de diciembre de 2013, pero otra muy diferente a partir de allí. El día siguiente fue operado en el Hospital Universitario de Grenoble con un cuadro de traumatismo craneoencefálico, para aliviar la presión intracraneal. Los médicos hallaron lesiones graves en su cerebro y se decidió inducirle un coma. El doctor Jean-François Payen, jefe de neurocirugía del establecimiento, fue el encargado de comunicar esas primeras novedades. Dos semanas después debió ser intervenido nuevamente.

Por aquel entonces proliferaron un sinfín de versiones en torno a su salud. Incluso en el mes de enero el doctor Johannes Peil, quien lo atendió a comienzos de 2009 luego de accidentarse a 220 kilómetros por hora en Cartagena (España) probando una moto de competición, aseguró que en ese incidente, en el que sufrió una fractura de cráneo y la rotura de varias costillas, la mitad derecha de su cerebro ya había quedado dañado y que, desde entonces, sus secuelas afectaron al conjunto del riego cerebral del piloto.

La incertidumbre de los primeros días se extendió durante varios meses. En redes sociales el hashtag #KeepFightingMichael fue tendencia cada día, al punto de que luego su familia tomaría esa bandera e iniciaría una fundación con ese nombre. El 26 de junio de 2014 la familia anunció que había logrado salir del coma y decidió que sea trasladado al Hospital de Lausanna, en Suiza.

Finalmente para el 9 de septiembre la familia se recluyó en su mansión en Gland, a pocos kilómetros y muy cerca de Nyon, también a orillas del lago Leman. Para poder volver a la comodidad de su casa todo debió ser adaptado. Cada una de las principales habitaciones de la morada fue, poco a poco, viendo como los trofeos y el lujo de antaño le abrieron paso a la equipación médica. Desde el retorno a su hogar los partes sobre su estado de salud comenzaron a ser esporádicos y no han sido muchos.

Entre lo poco que se sabe es un hecho que asistencia no le falta. El heptacampeón cuenta con un equipo médico de al menos quince personas, entre las cuales se incluyen masajistas y enfermeras. Entre las estrategias de rehabilitación se han llevado a cabo terapias especiales e incluso algunas estrategias alternativas, que buscan estimular la memoria y la cognición. ¿Un ejemplo? La reproducción de sonidos familiares, como el del Mercedes que supo conducir en varias oportunidades durante su carrera.

El escudo protector que Corinna y sus hijos consiguieron crear alrededor de Michael, con la ayuda de la histórica portavoz del piloto, Sabine Kehm, hizo que cualquier detalle de su recuperación quede lo más lejos posible de las cámaras y de los medios. Pocas son las personas que han podido tener contacto con Michael Schumacher desde 2013. La privacidad es su bien más preciado y solo aquellos que son muy cercanos han tenido la chance de estar junto a él.

Uno de ellos es Jean Todt, el ex Jefe de Equipo de Ferrari en su época dorada junto a Schumi, quien en 2019 contó que pudo ver algunas carreras en su casa de Suiza. “Michael está aquí, así que no le echo de menos. Simplemente ya no es el Michael que solía ser. Su vida es diferente ahora y tengo el privilegio de compartir momentos con él. Eso es todo lo que hay que decir”, dijo en L’Equipe.

Por ese tiempo la familia Schumacher ya había adquirido una mansión en Mallorca, situada en la urbanización Las Brisas del Port d’Andratx, en cifras que rondaron los 30 millones de euros. Tiempo atrás aquella finca había pertenecido a Florentino Pérez, presidente del Real Madrid, quien la abandonó en 2012 luego del fallecimiento de su esposa. Esa sería al día de hoy la residencia de Michael Schumacher a pocos días de un nuevo cumpleaños. Sería, en potencial, porque ningún paparazzi ha logrado registrar su presencia en esa morada. “Lo privado es lo privado”, y así sigue siéndolo al menos por ahora.

Diez años después la vida sigue para Michael y su familia. El próximo 3 de enero cumplirá 55 años, pero desde 2013 cada 29 de diciembre es, de manera inevitable, el día en el que más se lo recuerda.


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